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En 2009 hubo Grandes Pérdidas en actividad cultural



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Las distintas áreas de la actividad artística y cultural tuvieron importantes pérdidas México y el mundo perdieron a destacados creadores durante este 2009. Para algunos terminó la pasión de tomar entre sus manos su pluma, para otros representó el cierre definitivo del telón, para unos más la imposibilidad de seguir compartiendo su sabiduría. En nuestro país se registraron decesos importantes que dejan un hueco imposible de llenar. Dentro del mundo de las letras hubo gran luto con la muerte del escritor y filósofo Alejandro Rossi, quien desarrolló gran parte de su actividad en México. Rossi fue un gran maestro, padre intelectual, protagonista único de la prosa narrativa y ensayística hispánica actual, de los mejores discípulos de José Gaos, creador de una vocación crítica que tenía un poco de poética, estética, lógica, ética, lúdica y humanidad; un gran conversador, un hombre libre, un amigo leal. Otra muerte lamentable fue la de Pablo Latapí Sarre, fundador de instituciones educativas además de escritor y crítico independiente de la política educativa del Estado mexicano. Dedicó casi medio siglo de su vida a investigar sobre la educación, tópico que lo inspiró a escribir más de 30 libros. Por su conocimiento fue embajador y representante permanente de México ante las Naciones Unidas. Macario Matus fue un digno representante de las letras oaxaqueñas como poeta, ensayista, narrador, traductor de la poesía universal al zapoteco y periodista. Su tierra le debe muchas cosas, entre ellas, la Casa de la Cultura de Juchitán, fundada en los setenta, donde muchos jóvenes lograron acercarse a la literatura. Otro gran poeta que nos dejó fue Antonio Montes de Oca, cuya obra se caracterizó por su completo dominio de la metáfora y un manejo excepcional del idioma en sus poemas. Como un gran bibliófilo e historiador será recordado Ernesto de la Torre Villar, que legó al mundo editorial títulos indispensables como El triunfo de la República liberal, La intervención francesa y el triunfo de la República liberal, La Independencia mexicana y Testimonios históricos guadalupanos. La comunidad periodística cultural perdió una de sus mejores plumas: Jorge Luis Espinosa, considerado como uno de los grandes representantes de la vieja guardia; heredero y continuador de lo mejor de la tradición del periodismo cultural en México, se caracterizó por ser una verdadero amante de las letras, de los libros, del oficio reporteril. Luchó por dignificar al periodismo cultural, alentar la investigación y fomentar la escritura honesta. En noviembre, a dos semanas de su ceso, se presentó su libro En memoria del fuego, editado por la colección Periodismo Cultural de Conaculta. El teatro nacional se llenó de luto con la muerte inesperada de uno de los primeros actores mexicanos: Héctor Gómez Sotomayor. Causó conmoción porque mantuvo en secreto el cáncer que padecía. Su gran capacidad histriónica lo llevó no sólo a pisar todos los escenarios teatrales de nuestro país, sino a ser parte de infinidad de proyectos en la televisión y el séptimo arte nacionales. Con su muerte, el movimiento dancístico nacional hizo una pausa irremediable. Y es que las maestras Josefina Lavalle y Angelina Géniz fueron piezas claves en la historia de este arte en México. Lavalle se convirtió en una leyenda, primero como bailarina, luego como coreógrafa y finalmente como investigadora. Tuvo el privilegio de ser parte de una época inolvidable de nuestro país, la del nacionalismo. Por su entrega incomparable, fue merecedora de grandes reconocimientos, como la Medalla de Oro de Bellas Artes por más de 70 años de dedicación a la danza. Por su parte, Géniz demostró una gran pasión por la danza folclórica que la llevó a fundar una compañía que no sólo dejó huella en la tierra que la vio nacer, la máxima casa de estudios, sino en todo el país por ser uno de los pocos proyectos honestos preocupados por mostrar nuestras danzas originales. Fue a través del Ballet Folclórico de la UNAM que la maestra enalteció nuestro folclor. El campo de la arqueología perdió a uno de sus máximos representantes: Felipe Solís, quien dirigía el Museo Nacional de Antropología justo cuando lo sorprendió la muerte. Fue un gran conocedor del arte y cultura de los aztecas, durante tres décadas y media fue curador de colecciones mexicas, escribió más de 120 artículos especializados y publicó cerca de 30 libros. También falleció el arqueólogo Alejandro Martínez Muriel, que fungió como asesor de dictámenes para la UNESCO sobre zonas arqueológicas como Machu Pichu, Pachacamac y Chan Chan en Perú, y desarrolló el proyecto Tankah-Tulum, en Quintana Roo, donde logró un sustancial avance en la reconstrucción de edificios prehispánicos del sitio maya. Las artes plásticas perdieron al grabador Carlos García Estrada, tutor de un buen número de generaciones de artistas. Su peculiar estilo, el uso del color negro en sus trabajos, causó gran impacto entre sus críticos. Asimismo a artista hidalguense Byron Galves, forjado por maestros de primer nivel como Luis Nishizawa y Francisco Moreno. Legó escultura, grabado, dibujo y pintura. A nivel mundial también se registraron decesos que conmocionaron al gremio cultural. Sin lugar a dudas, las más sentidas se dieron en el campo de las letras y la danza, tanto por la muerte del escritor uruguayo Mario Benedetti como de la coreógrafa alemana Pina Bausch. Otros fallecimientos que deben ser nombrados son los del escritor estadounidense Donald Westlake, la poeta danesa Inger Christensen, el filósofo noruego Arne Naess, el pintor estadounidense Andrew Wyeth, el poeta franco-uruguayo Ricardo Paseyro, la escritora española Corín Tellado, el bailarín y coreógrafo italiano José el Camborio y el escritor español Antonio Pereira. También partieron este año la poeta uruguaya Idea Vilariño, el ensayista español Carlos Castilla del Pino, el historiador cubano Pedro Álvarez Tabío, el poeta ecuatoriano Jorge Enrique Adoum, el coreógrafo estadounidense Merce Cunningham, el novelista británico Stanley Middleton, el coreógrafo francés André Prokovsky, el novelista estadounidense Dominick Dunne, el escritor cubano Cintio Vitier, el escritor suizo Jacques Chessey, el poeta venezolano Silva Estrada, el escritor argentino Félix Cuna y el poeta español Francisco Ayala. Todos ellos, reconocidos en su tierra y en otras naciones por tener su obra la cualidad de ser universal.
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